jueves, 21 de mayo de 2015

Nenhuma vida (Urbano Tavares Rodrigues)



Descubrí a este autor por casualidad o, mejor dicho, por descarte; busqué escritores portugueses reconocidos cuyos libros poder solicitar en internet –ya que la literatura portuguesa en portugués está ignorada en las librerías, no así la italiana o la alemana, por ejemplo- y Tavares parecía ser una buena apuesta.
No me equivoqué y un libro de relatos suyos que ya comenté, Os terraços de Junho, me pareció precioso. El presente título es una novelita corta, publicada póstumamente (el autor falleció en 2013), que quizá me ha interesado menos, pero no ha dejado de transmitirme la sensación de que el autor escoge bien las palabras, comunica mucho con pocas y se atreve, en definitiva, a apostar por la calidad en el número de páginas imprescindible.
Dado que Tavares Rodrigues escribió la novela cuando la crisis de 2008 había comenzado y mostrado sus consecuencias económicas, políticas, sociales…, en la novela aparece este escenario y el protagonista actúa y reacciona al respecto.

La producción de Tavares, tanto de novela y relato como de no-ficción, es extensa, así que el lector tiene mucho donde escoger, aunque desconozco si su obra está traducida al español, que creo que sí, y si es fácil encontrarla en las librerías. Cabe señalar que ninguna de las dos obras citadas parecen ser de las mejores que escribió, lo cual me invita a pensar que el reconocimiento que se le tiene es sumamente merecido y me muero por leer más de él.

viernes, 1 de mayo de 2015

El papa verde (Miguel Ángel Asturias)




Como era de prever en mi, llamémosla así, carrera amateur de lector, al encontrarme ante una novela de un autor que ha recibido el premio Nobel en 1967, me ha parecido la cosa más intragable del universo, que me ha recordado –en lo de aburrido e incomprensible, aunque sean muy distintas- a El Aleph, de Borges. 
El caso es que me iba de viaje a Vitoria y necesitaba un nuevo libro. Tenía éste, editado en el año chispún, páginas amarillentas, letra tamaño de llamada explicativa de editorial Cátedra, y aunque me dio pereza, supuse (y supuse bien) que si no lo leía en un bus encerrado durante horas jamás encontraría el momento de hacerlo. Fui leyendo y, ya de regreso, conseguí llegar a casi la mitad. En ese momento me dio pena no seguir, ya que estaba ahí, y así he estado un mes entero hasta conseguir terminarla. Me debería autorregalar algo por ello.
¿Por qué?, podrá preguntarse quien lea esto. Bueno, el vocabulario distinto es el menor de los escollos, proveniente del español guatemalteco; si no, al leer en inglés y encontrar palabras que desconozco me habría sucedido igual y no ha sido así. Pero me he sentido incomodísimo al observar que cuando sucedían ciertas cosas éstas no se explicaban, incluso se mencionaban mucho más tarde de que ocurrieran (ejemplo ficticio: “Cuando la duquesa le dejó a Paco su herencia, éste se alegró mucho.” Ah, ¿pero es que se ha muerto la duquesa? Pues así). Las páginas enteras en que no hay diálogos son eternas y no importa a qué hora el día se lean: no se entienden o necesitan de una relectura, porque el vuelo de una mosca distrae. Por último, tras leer sus cerca de trescientas páginas, creo que no podría escribir más de diez líneas contando lo que sucede, ya que el cúmulo de personajes que aparecen no guardan relación proporcional con el número de acontecimientos que se relatan, y aun dichos acontecimientos son poco más que el gobernar unas tierras para el pueblo o para los ricos y ver quién está de uno u otro lado. 
De modo que, queridos lectores de novelas y de mi modestísima crítica, huyan de estas páginas, y quizá de este escritor, como de la peste si quieren conservar su amor a la lectura. Y nunca, pero nunca, como ya habrán oído muchas veces aconsejar, sigan leyendo un libro que no les enganche. Fíjense en mí: he perdido un mes y un estupendo ritmo lector.

viernes, 3 de abril de 2015

Cuaderno de Sarajevo (Juan Goytisolo)



El autor narra en el año 1993 algunas de sus sensaciones y experiencias al visitar Sarajevo en plena guerra, o asedio serbio. Su visión personal del duro día a día, en especial para los habitantes de la capital bosnia pero también para los propios informadores, viene bañada en una explicación general del momento y del increíble contexto europeo y mundial en que el conflicto se desarrolló.
Aparecen en las páginas otros personajes conocidos, como Gervasio Sánchez (que aporta fotos al libro) o Susan Sontag. 
Resulta increíble que, por las diversas razones que se comentan o quizá por otras, Sarajevo fuese abandonada a su horrible destino sin que el resto del planeta pareciese darle demasiada importancia, a pesar de las escabrosas imágenes que ofrecían las televisiones (y que se ven confirmadas por algunos relatos que aporta aquí Goytisolo). Ello, por cierto, me ha hecho pensar en que ahora las televisiones, que no hay que olvidar que tienen dueños, ofrecen unas imágenes de las guerras que ya no nos estropean las comidas o las cenas, que solo son en blanco y negro, poco nítidas, cuatro explosiones en un terreno aparentemente desértico… como un videojuego. Y como se decía en un libro que leí hace poco, todo narrado a idea mediante frases pasivas, como si en lugar de estar asesinando gente, estas muertes ocurrieran de modo involuntario por azar del destino.

Sarajevo fue una barbarie más, con parecidos con la hitleriana, y este libro permite recordarlo.

miércoles, 1 de abril de 2015

Abierto toda la noche (David Trueba)



Se trata de la primera novela escrita por Trueba y de la primera suya que me leo. Narra la convivencia y peripecias de una numerosa familia, los Belitre, allá por finales de los ochenta. Conviven el padre, la madre, seis hermanos y aparte aparecen los abuelos, novios, novias, amigos, terapeutas, albañiles… Si esta novela destaca por algo (seguramente, supongo, suceda con otras novelas de este autor) es por lo ágil que resulta su narración y lo fácilmente que nos sumerge en el mundo de los personajes. Precisamente en la contraportada se lee que “...arrastrando al lector en un imparable deseo de saber más, de estos personajes disparatados, divertidos y trágicos”, y no puedo estar más de acuerdo con la magia que tiene para atrapar.
En cuanto a lo disparatado de los personajes, a mí me ha costado darme cuenta de que, es cierto, las particularísimas características de muchos de los personajes son algo fuera de lo normal, algo exageradas si se quiere, quizá por mi habitual preferencia por textos creíbles y cabales. Sin embargo, lo extraordinario, lo improbablemente raro en muchos miembros de la familia no ha sido problema para que despertara en mí el interés por continuar la lectura, la cual recomiendo y me ha invitado a leer más de Trueba en próximas ocasiones. 
Por último, quisiera destacar las atinadas descripciones y observaciones, maduras y acertadas, que el casi anónimo narrador de la historia efectúa, que quizá me ha facilitado olvidar o ignorar sin querer lo disparatado, ya que todo está narrado con agilidad y aparente claridad y serenidad.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Perfiles (Woody Allen)



Título original: Side effects.
El célebre escritor, director de cine, etc. nos muestra una vez más su creatividad sin límites con relatos breves sin pies ni cabeza. Su absurdo sentido del humor queda una vez más patente y, aunque otros recopilatorios de “lindezas” suyas me han gustado más, de nuevo he encontrado buen humor en la mayoría de sus páginas. Creo que me atraen especialmente las partes escritas como obras de teatro.
No merece la pena extenderme más, ya que todo el mundo conoce a Allen. Copiaré simplemente el texto que aparece en la contraportada de esta edición: “Según los astrónomos modernos, el espacio es finito. Parece una noción confortante, en particular para aquellas personas que nunca se acuerdan de dónde han puesto las cosas.”

viernes, 20 de marzo de 2015

La intoxicación lingüística (Vicente Romano)




Se trata de un libro curioso que reflexiona acerca del uso torticero de las palabras para engalanar la realidad; algo a lo que estamos acostumbrados aparentemente pero que traspasa nuestra piel y nos hace vivir algunas cosas de un modo tranquilo y menos reflexivo que el que éstas merecen. Lo más sorprendente, a mi juicio, de un texto que aparentemente se va a limitar a analizar eufemismos es que cuando lo hace presta atención –en cada capítulo- a un aspecto de la realidad (la educación, la política…) y en ese proceso dedica casi la misma cantidad de palabras a destripar el uso del idioma como a criticar la política, la utilización de los medios de comunicación, el abuso de los poderosos, etc.

En resumidas cuentas, sale uno repleto de pensamientos lingüísticos y de crítica sesuda de la sociedad, así como de citas de otros libros que a buen seguro también son dignos de nuestra lectura.

martes, 3 de marzo de 2015

Portugal (Cyril Pedrosa)



Se narra un momento de la vida de Simon Muchat, en el que su relación de pareja no pasa por su mejor momento; en parte debido a que su carrera como dibujante de cómics tampoco está muy inspirada y en parte debido a otros motivos que él mismo no acierta a aclarar. A partir de ese instante iremos conociendo sus antepasados portugueses, su vida en Francia… y Simon comenzará a bucear, viajando tanto literal como metafóricamente, en sus raíces y en los porqués de su vida actual.
Este cómic, escrito originalmente en francés bajo el mismo título, muestra una estética que, lejos de ser capaz de describirla, me ha atraído y también ha gustado a la crítica especializada –o más especializada desde luego que yo-. A pesar de ser publicado en un formato bastante grande, un cierto porcentaje de páginas posee viñetas muy pequeñas con bastante diálogo, quizá más que de costumbre, y por supuesto se combina con otras de poco diálogo y dibujo o viñetas más grandes. Eso y el cambio en el uso de colores según el episodio narrativo hace la lectura agradable y más interesante si cabe.
Conforme la lectura avanza –con textos  a veces en portugués por exigencias del guión-, se observa que Simon es un personaje interesante y que su entorno es complejo y rica y acertadamente descrito. Una vez más, me rindo ante el modo singular en que un cómic logra transmitir con respecto a libros “sin dibujos”.