Una vez más hay que recordar que por delante existen casi infinitos libros por leer y que, si de primeras no parece que el que tenemos delante nos vaya a gustar más aunque prosigamos visitando sus páginas, lo conveniente es dejarlo.
Marsé, bien por darle un aire más de "conjunto de recuerdos confuso que viene de mi infancia", bien por darle un toque distinto, bien por x, y ó z, presenta una novela en la que el escenario de fondo, y siempre presente, es la posguerra española. Encontraremos diversos personajes: prostitutas, rojos que esperan que aquello dure poco, falangistas que torturan y matan a los perdedores, pobreza de todo tipo, erotismo gratuito o de pago...
Acudí a este libro justamente por eso, porque, aunque no es un tema que me vuelva loco, pretendía aprovechar el verano para acercarme a un texto distinto, que me recordara a su modo la Historia reciente de mi país. Y sí que lo hace, a través de muchas voces que acabo de citar.
Lo que enseguida vi es que me perdía de modo constante. No sabía apenas quién hablaba en cada momento, o si había un orden cronológico en lo que se me estaba narrando, o quién era el Tetas o el Java o los muchos que salen, porque no termina de haber ningún protagonista. Me consuela saber que los lectores, según he indagado, que tampoco han disfrutado de este título han sentido lo mismo: tener la sensación de que no estaban comprendiendo muchos detalles, porque incluso en un mismo párrafo se cambiaba de repente de narrador o de línea temporal.
Entiendo, pues, que la intención del autor era contar un recuerdo de su infancia en aquella complicada época y, como lo que ha de contar no tiene por qué ser fiel a la realidad en demasiado detalle, prestó más atención a comentar o describir determinadas escenas que a darles una continuidad temporal o unos personajes destacados de cuyas manos el lector pudiera asirse para ser guiado.
Pero ya digo, al ser verano y tener más tiempo, opté por seguir leyendo, pues intuí acertadamente que dicho caos era el modo de ser de la novela y que perderse era casi lo esperable. Podría haberlo dejado a los pocos capítulos y no habría pasado nada, pero el caso es que la he leído hasta el final. Si quien lea estas líneas siente interés por la novela, sabiendo ya dónde se mete podrá encontrar quizá cierto grado de disfrute y un sabor, eso sin duda, amargo y poco deseable que acompaña a quienes deambulan por el libro.






