Título original: Cat among the pigeons.
Como siempre que comento una novela de Agatha Christie, comienzo por decir que hace ya muchos años que leí todas sus novela de misterio, y que lo único que me queda por leer suyo -salvo algunas obras que no son de misterio- son ciertas obras de teatro suyas que no están basadas en ninguna novela homónima y cuya trama espero descubrir en un teatro algún día. Así pues, en este caso este título es para mí una relectura, al haber olvidado todo lo que en ella acontece.
En este caso, la célebre autora cuenta los hechos que acontecen en Meadowbank, un reputadísimo colegio inglés para señoritas, al que acuden las hijas de algunas familias acaudaladas, incluso reales, y donde pronto se descubre que alguien tiene perversas intenciones para conseguir lo que desea, incluso con voluntad de eliminar a quien se lo impida.
Nos esperan varios crímenes por el camino, muchos sospechosos, una conexión con el principado de Ramat y su depuesto caíd y unas joyas que deben llegar a buen puerto.
Al comienzo de la novela suele haber, como es el caso, una lista de todos los personajes. El abstenerme de leerla tuvo dos consecuencias. Una, no saber de antemano alguna de las víctimas de la novela (¿qué necesidad hay de indicarlo en tal índice?); y la otra, desconocer que iba a ser Hércules Poirot quien solucionase el caso. El detective belga no hace su aparición hasta el último tercio de la novela, lo que me sorprendió, pues andaba ya suponiendo que el detective inspector Kelsey sería quien desvelase la identidad del asesino.
Un buen rato de sospechas, tras cierta paciencia para que los acontecimientos misteriosos den comienzo, entrevistas con quienes se encuentran en el lugar de los hechos... ¡y ganas de resolver el caso antes de que leas las últimas páginas!
Como siempre que comento una novela de Agatha Christie, comienzo por decir que hace ya muchos años que leí todas sus novela de misterio, y que lo único que me queda por leer suyo -salvo algunas obras que no son de misterio- son ciertas obras de teatro suyas que no están basadas en ninguna novela homónima y cuya trama espero descubrir en un teatro algún día. Así pues, en este caso este título es para mí una relectura, al haber olvidado todo lo que en ella acontece.
En este caso, la célebre autora cuenta los hechos que acontecen en Meadowbank, un reputadísimo colegio inglés para señoritas, al que acuden las hijas de algunas familias acaudaladas, incluso reales, y donde pronto se descubre que alguien tiene perversas intenciones para conseguir lo que desea, incluso con voluntad de eliminar a quien se lo impida.
Nos esperan varios crímenes por el camino, muchos sospechosos, una conexión con el principado de Ramat y su depuesto caíd y unas joyas que deben llegar a buen puerto.
Al comienzo de la novela suele haber, como es el caso, una lista de todos los personajes. El abstenerme de leerla tuvo dos consecuencias. Una, no saber de antemano alguna de las víctimas de la novela (¿qué necesidad hay de indicarlo en tal índice?); y la otra, desconocer que iba a ser Hércules Poirot quien solucionase el caso. El detective belga no hace su aparición hasta el último tercio de la novela, lo que me sorprendió, pues andaba ya suponiendo que el detective inspector Kelsey sería quien desvelase la identidad del asesino.
Un buen rato de sospechas, tras cierta paciencia para que los acontecimientos misteriosos den comienzo, entrevistas con quienes se encuentran en el lugar de los hechos... ¡y ganas de resolver el caso antes de que leas las últimas páginas!

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