lunes, 14 de enero de 2013

El alquimista impaciente (Lorenzo Silva).





Esta novela fue premio Nadal en el año 2000.
Se trata de una historia de misterio en la que los investigadores son dos guardias civiles. Desde la primera página nos encontramos con un fallecido y, por supuesto, con una lista de sospechosos que crece conforme la investigación avanza.
Los dos guardias civiles y su labor se muestran desde un punto de vista humano, cercano, que consigue que además de estar interesados por la identidad del asesino, si es que resulta ser un crimen, queramos conocer más a estos personajes.
La he leído con interés y en pocos días. Soy muy amigo de las historias de intriga. Sin embargo, me parece que no es merecedora de un premio Nadal, aunque desconozco el criterio con el que se elige a los finalistas (quizá sea fundamentalmente comercial). Tampoco el desenlace me ha parecido particularmente sorprendente ni he tenido la sensación de poderlo haber adivinado con las pistas disponibles.
En fin, una lectura agradable para pasar el rato.


sábado, 12 de enero de 2013

Diario de un ilegal (Rachid Nini).









El autor, de origen marroquí escribe, en árabe en la edición original, una especie de diario de su experiencia como inmigrante sin papeles en España.
A través de sus pensamientos y reflexiones, a menudo escritas en un bar tomando un café que el camarero sutilmente le permite tomar sin pedirle que lo pague conociendo su apurada situación, conocemos de primera mano el día a día de vivir pendiente del coche de policía que pasa por la calle, de pagar el alquiler de la habitación en el piso que se comparte (a menudo con otros inmigrantes) o de ser mirado a veces con recelo.
El libro es algo más poético de lo que puede parecer. Como uno puede imaginarse, cuesta meterse en la piel de alguien en esta situación y darse verdadera cuenta de lo duro que es pasar hambre, no poder hacer nada –o casi nada, incluso con estudios- por cambiar la situación y sentir nostalgia por el país de origen.
Este libro forma parte de una colección denominada Memorias del Mediterráneo, en la que personas en árabe explican sus experiencias. Seguramente merece la pena ponerse en su lugar y echarle un vistazo a estos textos.

viernes, 11 de enero de 2013

When God was a rabbit (Sarah Winman).










Título de la edición en español: Cuando Dios era un conejo.
Autor: Sarah Winman.
Hay novelas que, no se sabe muy bien por qué, nos resultan agradables de leer, de modo que, cuando quieres recomendarlas, sientes que puedes estar actuando con excesiva osadía o subjetividad. Es lo que a mí me sucede en estos momentos.
Es la historia de una chica que, al comienzo del libro, tiene once años. Vive con, entre otros, sus padres y su hermano. Mantiene con este último una buenísima relación. Y… ¿qué más puedo decir? No suceden grandes cosas. Si merece la pena la lectura es porque es sencilla, avanza sin dificultad, da gusto encontrar la química especial que a menudo se da entre hermanos… Quizá, además, otro punto atractivo es la evolución de los personajes principales cuando pasan los años (sin que esto suponga, planteamiento que detesto, que nos vayamos a encontrar con una insufrible novela que narra con pelos y señales las innumerables cosas que una familia vivió conforme pasando las generaciones). Y también, sin duda, los pensamientos, la vida interior, de la narradora protagonista.
Finalmente, aunque no puedo ser más explícito para no estropear algunos acontecimientos, se tratan temas como las segundas oportunidades, amistad, la homosexualidad, algunos actos históricos violentos… Todo ello con ligeros toques mágicos, sucesos imposibles, que el lector acoge con facilidad y que no quita realismo al conjunto.
No puedo terminar sin decir que sí, que aparece un conejo en algunos momentos. Pero tendréis que leer la novela para saber por qué.



miércoles, 26 de diciembre de 2012

El placer de jugar juntos.



Autor: Xesús R. Jares.
Este libro es una recopilación de juegos cooperativos, tanto recogidos como inventados por el autor, que puede resultar útil para maestros, monitores de tiempo libre, etc.
Se clasifican en juegos de presentación, de conocimiento, de afirmación, de confianza, de comunicación, de cooperación, de distensión y de paracaídas.
Aunque me han parecido a veces demasiado similares unos a otros, la parte buena es que a menudo son adecuados para todas las edades, incluso para la Etapa Infantil, y requieren materiales sencillos o ninguno.
No está mal, yo me he anotado los que me han parecido más curiosos y es posible que no sólo me sirvan para mejorar la relación entre mis alumnos sino también para, adaptándolos, reforzar aspectos como el vocabulario o la imaginación.

 

domingo, 16 de diciembre de 2012

Américo.



Título: Américo. El hombre que dio su nombre a un continente.
Autor: Felipe Fernández – Armesto.
En mi afán por convencerme y convencer, una vez más, del hecho de que la asignatura de Historia en las escuelas y la Historia fuera del ámbito de la enseñanza son dos mundos distintos, y que el primero me alejó del segundo, me propuse leer esta biografía de un señor cuyo nombre a todos nos suena: Américo Vespucio.
Como he dicho ya en algunas ocasiones, y seguramente diga mil más, me parece que la biografía es un género que merece la pena porque permite conocer no sólo los hechos en sí que componen la vida de tal o cual persona o personaje, sino su relación con el tiempo que le tocó vivir, lo cual aporta al lector un conocimiento mucho más rico y valioso que el que aparentemente vendría del mero hecho de saber algo más de la vida de un solo individuo.
En este caso, debo destacar que lo que más me ha sorprendido de la biografía, o más exactamente de la vida de Vespucio, es que no corresponde a la imagen que, superficial como era, tenía de él. No dirigió su vida tan apenas, cambió de profesión en varias ocasiones, buscaba la fama, era bastante embaucador y exageraba –imitando las narraciones de aventuras de la época- en los relatos de sus viajes, a veces hasta inventando el viaje en sí. Me ha parecido cómico encontrarme en una biografía con que el navegante terminó siéndolo un poco de rebote, sin tener mucha idea cuando embarcó, utilizando instrumentos de navegación que en realidad apenas le servían y afirmando cosas con una base escasa. Termina, además, uno descubriendo que se llevó durante un tiempo, en parte por culpa de quienes editaban sus relatos (que también metían morcillas de su propia cosecha en dichas narraciones), la inmerecida fama de haber tocado un nuevo continente antes que Colón (de quien copiaba idea para relatar sus viajes) y que ese honor, a pesar de que seguramente no le habrían faltado ganas, no lo buscó sino que fue fruto de publicaciones posteriores a su muerte que le nombraban el nuevo Ptolomeo.
Me quedo con estas palabras de las últimas páginas: “No estaba a la altura de ninguno de los ambiciosos papeles que adoptó. Era demasiado poco aplicado para ser diplomático, excesivamente imprudente para ser un gran mercader, demasiado incompetente para ser navegante y su ignorancia era excesiva para ser cosmógrafo.”
En fin, un placer descubrir que hay personajes

históricos tan inusuales, involuntariamente cómicos y

humanos. Me he animado a leer más cosas del estilo.

El mundo amarillo (Albert Espinosa).



Hace unos meses leí otro libro de este polifacético señor, del cual no dije cosas muy positivas, pues a menudo me molesta que alguien se crea con derecho a enseñarme a vivir.
En este libro, que esta vez no es novela sino una especie de legado vital tras su dura experiencia con el cáncer, largas estancias en hospitales, etc., vuelve a intentar lo mismo. Y mi sensación es parecida, aunque más positiva que la primera vez.
Si decidí volver a leer algo de Espinosa a pesar del primer sabor de boca es porque si algo hay que reconocer es que se lee con facilidad, quizá por su sencillo modo de explicarse, por los cortos capítulos o porque los consejos algo ñoños y románticos a veces apetecen. Y como a veces todos necesitamos leer cosas para pasar el rato, para que las páginas avancen sin problema, consideré acertadamente que eso me sucedería con El Mundo Amarillo.
Espinosa da primero veintitrés consejos que aprendió durante dicha complicada etapa de su vida. Después explica quiénes son los amarillos y qué características suelen reunir para que establezcamos esa especial relación con ellos y finalmente explica que hay hablar de la muerte con naturalidad y sin miedo.
Diré algo positivo y algo negativo del libro. Lo positivo es que hay algunas ideas bonitas, simpáticas, agradables, sin duda positivas, y seguro que si a uno le pillan en un momento sensible y receptivo podrá como mínimo soñar con las mismas y hasta llegar a poner alguna en práctica. Parece irrebatible que Espinosa ha de ser alguien muy agradable de trato y con una energía y positividad envidiables. Lo negativo, como ya explicaba al principio, es que irremediablemente me pone nervioso que me vengan a contar, o sugerir, cuáles son los trucos para ser más feliz y tener una vida más plena; no me parece mal que el tema surja entre amigos o en algún contexto determinado que ahora mismo no se me ocurre, pero sí que alguien decida que tiene esa capacidad y la haga pública al mundo como si estuviese en posesión de la verdad. Que Albert Espinosa haya podido experimentar situaciones que le hayan facilitado reflexionar más y mejor parece claro, pero en cierta medida todos tenemos nuestras experiencias y adoptamos la modesta actitud de guardárnoslas para nosotros o, a lo sumo, comentar nuestras ideas cuando el tema sale. Además, soy muy escéptico respecto al poder real de convencer a nadie sobre algunas cosas si uno no las experimenta por sí mismo.
En fin, que se lee bien.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Voo 714 para Sidney (Hergé).


Título en español: Vuelo 714 para Sidney.
A estas alturas no me voy a dedicar a presentar un cómic tan archiconocido. Sólo me limitaré a decir que, de adulto, las aventuras de Tintín siguen siendo entretenidas y simpáticas (aunque me he encontrado con que la casualidad y la buena suerte son las que sacan de apuros al muchacho en algunos casos...). Ha sido mi primera lectura íntegra en portugués y por eso me ha hecho ilusión comentarlo y leerlo de principio a fin.