lunes, 13 de julio de 2015

Cartas para Claudia (Jorge Bucay)




En su faceta de psicólogo Bucay escribió durante años cartas con destinatario imaginario que servían a sus pacientes para evolucionar en los problemas de que le hablaban. Fueron éstos quienes le animaron a publicarlas.
Me resulta difícil emitir un juicio preciso acerca de esta lectura. Por un lado, podría decir, sin faltar a la verdad, que es una lectura amena y sencilla si nos atraen un poco la comunicación epistolar, los consejos de autoayuda y/o los cuentos con intención pedagógica; no es difícil encontrar observaciones y recomendaciones que atañen claramente a algún recoveco de nuestra vida, lo cual parece ser bueno y agradable. Por otro, aun habiendo un cierto hilo conductor (leve y sutil, casi imaginario) en las cartas y los temas de los que tratan, esos consejos u observaciones van quedando en el olvido carta tras carta, quizá porque hay muchas cartas, quizá porque hay muchas temas, quizá porque el autor las escribió para pacientes diversos y concretos, o quizá porque un libro que tiene textos cortos contiene per se ese defecto, hable de psicología o sea un texto de ficción.
Así que, admitiendo que probablemente deje poco poso en nosotros, no cuesta nada echarle un vistazo, pues cada lector es distinto y quién sabe lo que cada uno pueda aprender y sacar en claro de su lectura.

jueves, 9 de julio de 2015

Teaching with your mouth shut.




Título en la edición en español: Dar clase con la boca cerrada.
Autor: Donald L. Finkel.
No viene al caso explicar cuáles eran, pero compré este libro con expectativas distintas o creyendo que el tema sería totalmente distinto. Pero me he encontrado con un texto que merece mucho la pena, en general para los docentes y muy en particular para quienes ejercen en secundaria y universidad; las ideas que se comentan son interesantes en términos generales pero probablemente en primaria se puedan aplicar superficial o limitadamente, y en infantil apenas sirvan solo ciertas ideas como referencia.
Finkel escribe esta reflexión sobre tu trabajo en un año sabático tras un cuarto de siglo enseñando en, entre otros lugares, The Evergreen State College, donde por cierto no se dan calificaciones a los alumnos y hay una libertad absoluta para que el profesor diseñe las clases, incluso proponga contenidos, con enorme libertad.
Supongo que ante todo debo desvelar a qué se refiere el autor con un título tan intrigante. Pues bien, lo primero que hace es referirse a la figura que muchos tenemos como profesor ideal: entusiasta, de habla hipnotizadora, elevadora de espíritus. Finkel, que reconoce lo positivo de este tipo de profesor y lo admite dentro de su modo de trabajar, advierte de que las ideas, para que lleguen a los alumnos, deben ser masticadas y reflexionadas por éstos, no por el profesor. Dicho de otro modo, la habitual clase magistral, por bien desarrollada que esté, no deja una huella tangible en el alumnado –mucho menos si es la única manera de funcionar del profesor-, principalmente porque no provoca el interés y por tanto la necesidad consecuente de conocer y reflexionar, que es el modo en que el alumno le da vueltas a los contenidos, los reflexiona y llega a sus conclusiones con una cierta guía por parte del docente. Dicho de otro modo quizá más claro, se trata de que aquellos procesos de análisis, comprensión, esquematización… que como docentes elaboramos para entregar a los alumnos información clara, dejemos de darlos (o al menos lo hagamos más tarde, por ejemplo) y les involucremos en dicho proceso de construcción, de debate. Eso, unido a que el profesor, distinguiendo entre poder y autoridad, diseña un entorno en el que se autorrelega a un segundo plano, porque pasa de “dar la chapa durante una sesión entera” a preparar actividades que hacen que los alumnos hablen, discutan, opinen, escriban… entre ellos y para ellos… es lo que él llama enseñar con la boca cerrada.
Bien, habría millones de matices y cosas que contar para detallar toda la riqueza y justificados puntos de vista que el autor muestra en este imprescindible texto. Lo mejor de todo es que en ningún momento reclama sus ideas como las mejores ni rechaza otros modos de trabajar, pues cualquier método lo considera factible de ser combinado en la medida en que se considere, y que además aporta numerosos y detalladísimos ejemplos propios que no dejan ninguna duda de cómo se puede poner en práctica lo que sugiere. 
Así que esta lectura nos aporta a los docentes reflexión acerca de los porqués de trabajar de un modo u otro, de la posible conveniencia de tener en cuenta las ideas que Finkel expone y, en su caso, ejemplos probados de cómo desarrollar tales reflexiones en el aula.

sábado, 13 de junio de 2015

Un mundo sin miedo (Baltasar Garzón)




Garzón publica este libro en 2005. Sorprende, o no, que sin haber sido todavía inhabilitado para ser juez, todo lo que cuenta, dice, hace y piensa y su posterior eliminación encajen como un guante.
El juez hace un repaso de sus años en la Audiencia Nacional y de las experiencias profesionales y personales que, en su afán por hacer justicia, ha vivido en primera persona. Muchas de ellas hablan de ETA, de la descoordinación entre las diferentes policías, del GAL, de la escasa implicación y valentía de muchos jueces españoles… Tras la lectura, queda la sensación de que en su momento los medios de comunicación ofrecieron interesadamente una imagen tergiversada de Garzón, mostrándolo como un personaje con afán de protagonismo que se metía donde no debía. Precisamente su insistencia en llegar hasta el fondo del asunto le creó esa, seguramente, inmerecida fama y le llevó, no me cabe duda, a que hoy día no pueda ya continuar su trabajo.
Una lectura interesante que nos abre los ojos, otra vez más, a lo que los de arriba no quieren que removamos mucho.

jueves, 21 de mayo de 2015

Nenhuma vida (Urbano Tavares Rodrigues)



Descubrí a este autor por casualidad o, mejor dicho, por descarte; busqué escritores portugueses reconocidos cuyos libros poder solicitar en internet –ya que la literatura portuguesa en portugués está ignorada en las librerías, no así la italiana o la alemana, por ejemplo- y Tavares parecía ser una buena apuesta.
No me equivoqué y un libro de relatos suyos que ya comenté, Os terraços de Junho, me pareció precioso. El presente título es una novelita corta, publicada póstumamente (el autor falleció en 2013), que quizá me ha interesado menos, pero no ha dejado de transmitirme la sensación de que el autor escoge bien las palabras, comunica mucho con pocas y se atreve, en definitiva, a apostar por la calidad en el número de páginas imprescindible.
Dado que Tavares Rodrigues escribió la novela cuando la crisis de 2008 había comenzado y mostrado sus consecuencias económicas, políticas, sociales…, en la novela aparece este escenario y el protagonista actúa y reacciona al respecto.

La producción de Tavares, tanto de novela y relato como de no-ficción, es extensa, así que el lector tiene mucho donde escoger, aunque desconozco si su obra está traducida al español, que creo que sí, y si es fácil encontrarla en las librerías. Cabe señalar que ninguna de las dos obras citadas parecen ser de las mejores que escribió, lo cual me invita a pensar que el reconocimiento que se le tiene es sumamente merecido y me muero por leer más de él.

viernes, 1 de mayo de 2015

El papa verde (Miguel Ángel Asturias)




Como era de prever en mi, llamémosla así, carrera amateur de lector, al encontrarme ante una novela de un autor que ha recibido el premio Nobel en 1967, me ha parecido la cosa más intragable del universo, que me ha recordado –en lo de aburrido e incomprensible, aunque sean muy distintas- a El Aleph, de Borges. 
El caso es que me iba de viaje a Vitoria y necesitaba un nuevo libro. Tenía éste, editado en el año chispún, páginas amarillentas, letra tamaño de llamada explicativa de editorial Cátedra, y aunque me dio pereza, supuse (y supuse bien) que si no lo leía en un bus encerrado durante horas jamás encontraría el momento de hacerlo. Fui leyendo y, ya de regreso, conseguí llegar a casi la mitad. En ese momento me dio pena no seguir, ya que estaba ahí, y así he estado un mes entero hasta conseguir terminarla. Me debería autorregalar algo por ello.
¿Por qué?, podrá preguntarse quien lea esto. Bueno, el vocabulario distinto es el menor de los escollos, proveniente del español guatemalteco; si no, al leer en inglés y encontrar palabras que desconozco me habría sucedido igual y no ha sido así. Pero me he sentido incomodísimo al observar que cuando sucedían ciertas cosas éstas no se explicaban, incluso se mencionaban mucho más tarde de que ocurrieran (ejemplo ficticio: “Cuando la duquesa le dejó a Paco su herencia, éste se alegró mucho.” Ah, ¿pero es que se ha muerto la duquesa? Pues así). Las páginas enteras en que no hay diálogos son eternas y no importa a qué hora el día se lean: no se entienden o necesitan de una relectura, porque el vuelo de una mosca distrae. Por último, tras leer sus cerca de trescientas páginas, creo que no podría escribir más de diez líneas contando lo que sucede, ya que el cúmulo de personajes que aparecen no guardan relación proporcional con el número de acontecimientos que se relatan, y aun dichos acontecimientos son poco más que el gobernar unas tierras para el pueblo o para los ricos y ver quién está de uno u otro lado. 
De modo que, queridos lectores de novelas y de mi modestísima crítica, huyan de estas páginas, y quizá de este escritor, como de la peste si quieren conservar su amor a la lectura. Y nunca, pero nunca, como ya habrán oído muchas veces aconsejar, sigan leyendo un libro que no les enganche. Fíjense en mí: he perdido un mes y un estupendo ritmo lector.

viernes, 3 de abril de 2015

Cuaderno de Sarajevo (Juan Goytisolo)



El autor narra en el año 1993 algunas de sus sensaciones y experiencias al visitar Sarajevo en plena guerra, o asedio serbio. Su visión personal del duro día a día, en especial para los habitantes de la capital bosnia pero también para los propios informadores, viene bañada en una explicación general del momento y del increíble contexto europeo y mundial en que el conflicto se desarrolló.
Aparecen en las páginas otros personajes conocidos, como Gervasio Sánchez (que aporta fotos al libro) o Susan Sontag. 
Resulta increíble que, por las diversas razones que se comentan o quizá por otras, Sarajevo fuese abandonada a su horrible destino sin que el resto del planeta pareciese darle demasiada importancia, a pesar de las escabrosas imágenes que ofrecían las televisiones (y que se ven confirmadas por algunos relatos que aporta aquí Goytisolo). Ello, por cierto, me ha hecho pensar en que ahora las televisiones, que no hay que olvidar que tienen dueños, ofrecen unas imágenes de las guerras que ya no nos estropean las comidas o las cenas, que solo son en blanco y negro, poco nítidas, cuatro explosiones en un terreno aparentemente desértico… como un videojuego. Y como se decía en un libro que leí hace poco, todo narrado a idea mediante frases pasivas, como si en lugar de estar asesinando gente, estas muertes ocurrieran de modo involuntario por azar del destino.

Sarajevo fue una barbarie más, con parecidos con la hitleriana, y este libro permite recordarlo.

miércoles, 1 de abril de 2015

Abierto toda la noche (David Trueba)



Se trata de la primera novela escrita por Trueba y de la primera suya que me leo. Narra la convivencia y peripecias de una numerosa familia, los Belitre, allá por finales de los ochenta. Conviven el padre, la madre, seis hermanos y aparte aparecen los abuelos, novios, novias, amigos, terapeutas, albañiles… Si esta novela destaca por algo (seguramente, supongo, suceda con otras novelas de este autor) es por lo ágil que resulta su narración y lo fácilmente que nos sumerge en el mundo de los personajes. Precisamente en la contraportada se lee que “...arrastrando al lector en un imparable deseo de saber más, de estos personajes disparatados, divertidos y trágicos”, y no puedo estar más de acuerdo con la magia que tiene para atrapar.
En cuanto a lo disparatado de los personajes, a mí me ha costado darme cuenta de que, es cierto, las particularísimas características de muchos de los personajes son algo fuera de lo normal, algo exageradas si se quiere, quizá por mi habitual preferencia por textos creíbles y cabales. Sin embargo, lo extraordinario, lo improbablemente raro en muchos miembros de la familia no ha sido problema para que despertara en mí el interés por continuar la lectura, la cual recomiendo y me ha invitado a leer más de Trueba en próximas ocasiones. 
Por último, quisiera destacar las atinadas descripciones y observaciones, maduras y acertadas, que el casi anónimo narrador de la historia efectúa, que quizá me ha facilitado olvidar o ignorar sin querer lo disparatado, ya que todo está narrado con agilidad y aparente claridad y serenidad.