Título original: Stolen focus: Why you can´t pay attention.
El autor comienza narrando su experiencia personal al descubrir que él mismo, su sobrino y, por supuesto, la sociedad en general, están viendo enormemente disminuida su capacidad para concentrarse, para aprovechar el tiempo y para conectar con su entorno y las demás personas. Por ello, decide recluirse durante varios meses en una pequeña ciudad costera, a donde no se lleva su teléfono móvil ni su ordenador, y experimenta de qué manera el uso de su tiempo se ve modificado y cómo lleva el encontrarse fuera del entorno virtual habitual.
A partir de allí, el divulgador se hace preguntas en torno a la dependencia respecto de la tecnología, y encuentra diversas causas que, una por capítulo, analiza con ayuda de expertos en múltiples áreas. Conforme avanzamos en su lectura, este título amplia progresivamente su foco y encuentra motivos de preocupación que van más allá de las redes sociales y las pantallas, y que también, de un modo menos evidente, parecen dificultarnos estar atentos en tareas concretas con constancia.
Ha sido un placer leerlo. Compraría un ejemplar para cada persona que conozco y se lo llevaría a su casa, porque contiene información más que interesante, ofrece reflexiones novedosas e iluminadoras y, en definitiva, consigue que nos replanteemos ciertos hábitos y puntos de vista de no solo nuestro uso de lo virtual, sino de áreas como la educación de nuestros hijos en la escuela, la polución, el crecimiento económico o nuestro modo de tratar de dejar más a un lado las pantallas y las teclas.
A partir de allí, el divulgador se hace preguntas en torno a la dependencia respecto de la tecnología, y encuentra diversas causas que, una por capítulo, analiza con ayuda de expertos en múltiples áreas. Conforme avanzamos en su lectura, este título amplia progresivamente su foco y encuentra motivos de preocupación que van más allá de las redes sociales y las pantallas, y que también, de un modo menos evidente, parecen dificultarnos estar atentos en tareas concretas con constancia.
Ha sido un placer leerlo. Compraría un ejemplar para cada persona que conozco y se lo llevaría a su casa, porque contiene información más que interesante, ofrece reflexiones novedosas e iluminadoras y, en definitiva, consigue que nos replanteemos ciertos hábitos y puntos de vista de no solo nuestro uso de lo virtual, sino de áreas como la educación de nuestros hijos en la escuela, la polución, el crecimiento económico o nuestro modo de tratar de dejar más a un lado las pantallas y las teclas.



